jueves, julio 02, 2015

EL TOPO: OTRA VEZ



He vuelto a ver El Topo. Tal vez sea la tercera o cuarta vez que la veo. A diferencia de las otras, esta es la primera vez que la veo en un cine. No deja de parecerme irónico, jamás he visto esta película en una sala de cine y, pensándolo mejor, ayer después de muchos años he vuelto a pisar una sala de cine. Y eso que he visto varias, pero varias películas en estos años. Todas en un reproductor de DVD conectado a la tele, o en el ordenador, pero no en un cine. Me pregunto si la gente sigue yendo al cine. Imagino que sí. Por mi parte hace rato que la oferta cinematográfica dejó de ser atractiva, y claro, como el cine alternativo solo puede verse en cinemas alternativos, o en ciclos de cine de alguna universidad o en proyecciones especiales, uno no puede perderse El Topo cuando se lo anuncia en una sala de cine.

Jodorowsky, a mi gusto, puede llegar a tener algo de místico o de charlatan a partes iguales y sea tal vez eso lo que lo hace atractivo. Eso y su trabajo, su trabajo y la variedad de terrenos en los que se ha movido, la variedad de terrenos y lo bien que le ha ido en cada uno de ellos, sobre todo en el cine. Sobre todo en El Topo.

Lo que me gusta de esta película, entre otras cosas, es el guión. Escaso, escueto, preciso. También el lado simbólico, la forma de demostrar que las miserias de la humanidad tienen un lenguaje universal que es capaz de comprenderse sin el uso de palabras. Ese retrato grotesco, y no por eso menos sincero, de la sociedad de su época que Jodorowsky hace en El Topo, película realizada hace más de cuarenta años, se puede aplicar perfectamente a lo que vemos en nuestros días: Hipocresía social disfrazada de moral y fe ciega, de símbolos y puniciones, pero que en el fondo está tan corrompida como la sociedad que defiende.

El Topo tiene ese lado político que está por completo alejado de cualquier enmohecido panfleto de izquierda o propaganda; esa demoladora crítica social que no necesita hacer uso de elocuentes discursos en sus personajes o de escenas en extremo violentas, ni estar adscrita a partido alguno, para decir, con dureza y sin concesiones, que  los difíciles momentos vividos como sociedad hace más de cuarenta años, se prolongan y amplían hoy, siendo elevados a una potencia desconocida. Y por eso debe ser tan dificil encontrar El Topo en la programación normal de un cine o de un “multicine” que ahora le llaman, porque la idea del cine ha cambiado, todo cambia, lo dijo Mercedes, y ahora la gente va al cine como pretexto de divertirse, el cine es el pretexto para encontrarse con amigos, es clásica la frase “ vamos al cine y después a tomar algo”, el cine ahora es evasión, y si una película no va por ese lado pues la desaparecen de las programaciones. Algo parecido a una dictadura del gusto. Pienso en uno de esos multicines y el perfil de personas que asisten a esos lugares, pienso luego en El Topo, en algunas de sus escenas, y me quedo sin palabras.

Luego está ese lado si se quiere religioso de la película. Toda esa primera parte de búsquedas y abandonos que realiza el personaje (el mismo Jodorowsky junto a su hijo) para avanzar en su camino hacia lo que pdoríamos llamar Sagrado, batiéndose en duelo con diversos maestros, de cada uno de los cuales sacará una enseñanza. Una película como esa no envejece. Y como van las cosas por estos tiempos, cada vez será creo más oculta, es decir, cada vez habrá menos público para una película como esa, para una historia que no entretiene y que por el contrario abunda en momentos de angustia, en escenas que pueden hacer a alguien cerrar los ojos o abandonar la sala, en el caso (más que hipotético irreal) que se exponga en un “multicine”.

Por lo menos eso no la hace invisible. Estoy seguro, no lo he comprobado, que El Topo hasta se puede ver ahora por internet y siempre podrá conseguirse una copia en Polvos Azules en Lima o en la tienda de pelis del “Quinto Centenario” de La Paz, y así, en toda ciudad hay siempre un lugar donde acceder a material “alternativo”, pero, al final lo cierto es que cada vez este tipo de material está más lejos de los circuitos comerciales. El Topo es una película necesaria antes que de “culto”, es uno de esos films que no va a dejar un espectador tranquilo después de verlo por vez primera, podrá alabarla o destrozarla, pero tranquilo no se va a quedar.

Siempre queda la deuda (y la duda también) con el buen Alejandro, revisitar su obra, ver sus demás películas, por ejemplo “La Montaña Sagrada” o “Fando y Liz”, o sus trabajos en el mundo del comic junto a dibujantes como “Moebius”, o alguna de sus novelas (“El loro de las siete lenguas”), o cualquier otra cosa que nos acerque a esta especie de chamán y tarotista que sobrevivió envejecido un siglo en el que ha particpado activamente y de cuya generación aún nos quedan por visitar algunos personajes, tan interesantes como él (por algo trabajaron juntos) como el filósofo dramaturgo español Fernando Arrabal (“Carta a Stalin”, “El cementerio de los automóviles”) o el ya fallecido dibujante Roland Topor.


Nada hay que lamentar. Las cosas están dispuestas de esa manera y a muchos de nosotros jamás se nos preguntó si queríamos que así fuera. Todavia nos queda la piratería y el internet, para acceder a aquello que los circuitos oficiales se encargan de desaparecer de sus vitrinas, todavía nos queda la curiosidad y su madre la duda, para llevarnos a descubrir siempre cosas nuevas y para comprobar lo que bien dijo Antoine de Saint Exupery, el escritor aviador, en “El Principito”: “Lo esencial es invisble a los ojos”.