domingo, julio 12, 2015

LEER Y PENSAR




Hace tiempo que lo pienso de la siguiente manera: el pensamiento está hecho de palabras. Por lógica se deduce que, a más palabras, más posibilidad de pensamiento. Ejemplo: Cuando usted está leyendo esto, cualquier cosa que pueda pensar al respecto, aún sin decirla (cuando hablo de pensamiento me refiero a esa reflexión inicial que dificilmente sale de la cabeza, nuestra voz interior que reflexiona sobre algo) estará hecha de palabras. Esto significa que cuantas más palabras formen parte de su universo linguístico, diríamos su universo de palabras, mayores posbilidades tendrá usted de hacer combinaciones y por ende ampliar aún más sus posibilidades de elaborar pensamiento, de reflexionar. Palabras, habría que precisar qué tipo de palabras, porque, como bien sabemos, no cualquier palabra puede generar una acción, sólo el verbo produce acción, el verbo es acción, una frase, cualquiera que sea, si carece de verbo, no pasará de ser un conjunto de palabras que jamás podrán representar pensamiento, reflexión. Dejemos entonces de hablar de palabras y refirámonos a verbos. Para que exista pensamiento, reflexión, las palabras deberán contar obligatoriamente con uno o más verbos. Nadie, salvo quien estudie una lengua, tendrá el tiempo, pero sobretodo las ganas, de sentarse a estudiar los verbos de determinada lengua, es decir, de tomar un diccionario y pasarse una tarde entera estudiando los verbos y sus conjugaciones, nadie, en su sano juicio, se decidirá a estudiar los verbos incluso de su lengua materna. ¿Cuál es, entonces, la mejor forma de conocer verbos, es decir, de ampliar nuestras posibilidades de pensar y reflexionar? Inlcuso podemos llegar un poco más allá. Al nivel de las relaciones familiares. Recuerdo un ejemplo que usaba en clase con jóvenes estudiantes de colegio hace algunos años. Les pedía que cerraran los ojos y que se conecentraran en la imagen de aquella persona –todos conocemos una- con quien es imposible dialogar, llegar a un acuerdo, con quien el pensamiento diferente no tiene posibilidad de expresarse, especificaré, la persona que ante un debate (por más casero que éste sea) tiene siempre a flor de labio frases del tipo Punto final, No quiero escucharte más, Y aquí se acaba la discusión, He dicho, o simplemente Porque no. Cuando los estudiantes habían identificado a esa persona y tenían su imagen en la cabeza, les soltaba la pregunta –la misma que ahora me tomo la libertad de hacer a usted que lee este texto-: ¿Cuántas veces han visto a esta persona leer? Silencio. Por más esfuerzo que hacían los estudiantes no podían asegurar que esta persona tenía un hábito de lectura. Este ejemplo no es, como ningún ejemplo debería serlo, un absoluto, hay casos de grandes lectores que rehusan el diálogo, pero sí se puede tomar como un ejercicio válido –o deshechable, según quien lo use- para comprobar cuán importante puede resultar la práctica de la lectura en nuestras relaciones personales-familiares. Las palabras son pensamiento, los verbos acción, aplicación práctica. Ni palabras ni verbos pueden existir, o significar algo en concreto, el uno sin el otro. Entonces, la forma más libre, divertida y autónoma, de descubrir verbos y palabras, es decir, de ampliar nuestro universo linguístico y por ende nuestra capacidad de elaborar pensamiento (pensar) y reflexión es LA LECTURA.

Cualquier persona puede llegar a un libro de manera libre, es decir, siemrpe se puede acceder a un libro, antiguo, viejo, empolvado, siempre. Y ese libro se convertirá para esa persona en un viaje necesario, el combustible que hará funcionar la maquinaria de imaginación que todos tenemos y que, por las características que tiene la sociedad en la que vivimos, suele estar por lo general oxidada por falta de uso. Cuanto más se lea, mayor capacidad para el diálogo tendremos, mayores posibilidades de DISCERNIMIENTO y análisis, de poder decir, esto me va bien y esto no, esto me gustaría y esto no, de imaginar el mundo en el que quiséramos vivir. Adquirir el hábito de la lectura otorgará posibilidad de ampliar el pensamiento y la reflexión, por ende, entablar mejores relaciones con niños, adolescentes y jóvenes, que por naturaleza están llenos de preguntas y ansiosos de explicaciones que puedan satisfacer sus curiosidades sobre ellos mismos y el mundo. Leer nos otorgará también la posibilidad de reconocernos, de estar con nosotros mismos; al ser la lectura un acto solitario (por lo menos en un momento inical, porque siempre queda la dicha de compartir las lecturas con otros lectores) podemos refleccionar solos, escucharnos, reconocernos en los personajes de un texto, cuestionarlos y cuestionarnos a nosotros mismos. Toda lectura es el pretexto para un diálogo con nosotros mismos. Nos conocemos mejor cuanto más leemos. Sea por eso que la lectura es algo tan difícil de lograr  en una sociedad como la que vivimos, donde es más fácil llegar a tantas cosas que a un libro, hay, en muchas de nuestras ciudades, más comisarías que bibliotecas, más armas que libros, y eso, hay que saberlo, hay que decirlo, no es casualidad. Al estar la lectura tan íntimamente relacionada con el pensamiento, no sorprende que sea abiertamente limitada para las grandes mayorías. Hace falta ver y comprobar cuántas y en qué situacion se encuentran las bibliotecas a las que tienen acceso el grueso de la población en nuestras ciudades. Del Estado no podemos esperar nada en este sentido. Desarrollar la capacidad de pensar por el acercamiento a la lectura (la única forma que existe de desarrollar un pensamiento libre) es una cuestión personal que se transmite de padres a hijos, de amigos a amigos, y que tampoco demandaría un gran esfuerzo, dado el acceso al libro (los libros de segunda mano se encuentran por todos lados y a precios totalmente accequibles) del que todavía podemos gozar. Este tema es tratado de magistralmente por Ray Bradbury en su novela (que también es un film recomendable) Farenheit 451.

Y así como en esa historia, en otras también encontraremos razones para buscar un libro y compartirlo con los que queremos. Porque en tiempos como el que vivimos, leer es tener esperanza en el futuro.


R.V.P.