miércoles, agosto 26, 2015

NOVEDADES ARQUEOLOGICAS



            Ser desordenado tiene sus ventajas. Varias. Por ejemplo, la alegría de encontrar algo que desde hace meses hemos dado por perdido, y que en su momento incluso hemos llorado con desconsuelo. Ser desordenado abre una gran posibilidad de convertir las cosas en Lázaros: hacerlas resucitar. Y lo mejor es que esa parte nuestra, que había partido con el objeto que creíamos perdido, regresa también con él. Solo alguien desordenado puede vivir esta sensación.

            Las cosas en desorden son piezas de un rompecabezas del pasado, y que en algunos casos pueden jugar un rol importante en el futuro. Encontrar el teléfono anotado hace meses en un pequeño y peregrino papel, que quedó refundido en la página en blanco de un libro sumergido en las siempre agitadas aguas del desorden, puede reconstruir una relación que habíamos dado por perdida.

            Se ordena para desordenar. Y en ese ordenar se reconstruye la memoria. Un objeto, una frase anotada enun papel, un pequeño dato tomado al vuelo, un libro, cada una de esas impensables cosas que aparecen cuando ordenamos nuestro espacio, nos llevan a un trabajo de arqueología de la memoria. Nos pnemos frente al objeto aparecido, con la sorpresa de un arqueólogo ante la primera pieza encontrada en un excavación.


            Solo el desorden puede crear semejante maravilla.