domingo, julio 31, 2016

VOTO DE (DES) CONFIANZA


Un amigo suele decir: "de lo que veas, la mitad te creas, de lo que oigas, menos de la mitad." 

Para desconfiar de PPK hace falta ver el coqueteo que tuvo con el cardenal Cipriani durante su discurso en el congreso. El actual presidente peruano tiene como único mérito el habernos salvado de tener a la mafia fujimorista en la presidencia, aunque nada nos evitará verlos como mayoría en el congreso, con la arrogancia matonesca de los que añoran tiempos a los que como país -si hemos aprendido bien la lección, cosa que viendo la  actual composición del congreso se hace dudosa- no tenemos que regresar.

Volviendo a PPK, con sus pasitos de baile -hemos visto peores y más vergonzosos en el Perú- y su discurso cuidadoso de los protocolos y de lo políticamente correcto, seguro para que el cardenal no se moleste, el hombre no parece ser lo que se dice un hijo de puta. Esta viejo y tiene harto recorrido como para querer meter uña en las arcas del estado, además dejó claro que con la corrupción no tendrá contemplaciones, por ahí podemos decir, bien juga'o colora'o.

Lo de sus orígenes sí que es loco. Su padre nace en Berlin, su madre una maestra franco - suiza, tía del cineasta francés Jean Luc Godard (Historia (s) del cine. 1988), -tamare PPK, a ver si llevas a tu primito cineasta a dictar algún taller de creación de cine en alguna barriada de Lima o provincia- el actual presidente estudió música al terminar el colegio, esperemos que conserve algo de esa sensibilidad. Alucino con la sinfónica nacional tocando completito el réquiem de Mozart en el local comunal de la Tablada de Lurin y gratis carajo!

Ok, lo reconozco, me entusiasmé, chesumare me sorprende que todavía me suceda, pero así es. Volvamos a la realidad. Además de todo lo hasta aquí dicho -datos sacados de la wiki- se sabe que el hombre es lobbista pues. Que nos va a vender en peso al que pague mejor. Que ni cagando se detiene un proyecto de inversión, que hay que tener contentos a los inversionistas, crear a cualquier precio un clima de confianza para ellos, osea, dejarlos hacer calladitos nomás, osea un poco como siempre, preciso, un poco como desde siempre.   

Otro amigo me lo explicó bastante bien: "Hay que hacer que la plata se mueva y para eso la gente tiene que sentirse segura." Fácil y directo. Para eso están los amigos. Yo le creo porque tiene lógica y porque es mi pata. Si la gente puede usar en la calle sus nuevos artículos costosos sin temer ser cogoteada en cualquier momento, si la gente puede gastar lo que gana con esfuerzo y pasear tranquilamente sin temor a que alguien le ponga un arma en la cabeza y la deje sin nada en menos de lo que caga un pato, entonces la gente comprará más, habrá más dinero, comeremos mejor y viviremos felices si antes no llega Kenyi.

No sólo no será fácil sino que no será, pero mejor seguir creyendo que podría ser. 


viernes, julio 01, 2016

SALIR DEL CLOSET



- Está cerrado. 
- Escucha, alguien golpea desde adentro.

Tenga que ver con el acto de asumirse, y este a su vez con el reconocimiento de uno para empezar. Todos tenemos algo en el "closet", un comportamiento escondido, algo que no deseamos que sea visto por los demás, algo que hacemos a escondidas o que no estamos dispuestos a reconocer publicamente: salir del closet es hacer visible eso que se ha querido ocultar. 

Todos y todas tenemos el derecho a salir del closet, a abrir esa puerta, dejar que entre la luz a ese lugar escondido en el que hemos sido recluidos por los miradas de afuera, que jamás vieron con buenos ojos nuestros impulsos y que poco a poco terminaron por hacernos creer que lo mejor era guardar a la vista de todos, aquello tan nuestro que tenemos.

"Mise au placard" (poner en el armario), es una frase francesa para referirse al recorte de libertades de un trabajador, cuando sus funciones laborales comienzan a reducirse como forma de decirle que pronto deberá dejar el empleo. Hemos sido muchas veces puestos en un armario, obligados a guardar nuestras cosas, y la vida es demasiado corta para vivirla reprimidos.

Salir del armario es aceptarse como uno es, reconocerse desde su propia oscuridad y salir de ahí a la luz. Me acuerdo del ropero que teníamos en casa cuando era niño, y pienso que es desde ahí que salgo, que es en ese ropero donde estuve encerrado y cuyas puertas ahora se abren para dejarme salir, a mi, mis pasiones e historias, mis vicios y virtudes.

Abiertas las puertas del viejo ropero, encontraron un escritor escondido.