domingo, octubre 08, 2017

AMBAS


Escribe: Tristan de Mar



Hay frases que con el tiempo se convierten en premisas. Aparecen así, años después, como esta tarde mientras ponía un poco de orden en casa. Las dos cosas, comencé a repetirme luego de no saber por qué disco decidirme. Y claro, las dos cosas, es decir no tiene la una que anular a la otra, no tienen las cosas por qué estar en competencia dentro de uno, o por lo menos no dentro mío. Y esa frase la escucho desde que vi el programa de televisión, ese que crió –y no sé hasta ahora lo siga haciendo- a generaciones enteras de niños y niñas hispanohablantes. Las dos cosas, siempre. Un momento una, otro momento otra. Las dos cosas, me decía mientras escuchaba umo de los dos discos, sabiendo que en cuanto haya terminado pondría el otro. Sí, las dos cosas. Siempre las dos cosas. Constantemente nos vemos entre dos opciones. Vivimos en medio de dos fuerzas, bien y mal, ying y yang, día y noche; y siempre estamos entre dos cosas separadas por una O. Vas o no vas, vienes o te quedas, ser o no ser, este disco o el otro. Yo llevo tiempo en medio de eso. Algunas veces incluso he podido escuchar en mi cabeza voces argumento a favor o en contra de alguna decisión que debo tomar. Ya basta me digo, y hago algo. Pero esta tarde me vino esa frase como caída del cielo, iluminándolo todo: las dos cosas. Eres o te haces: las dos cosas. Por qué no. Claro que en determinado momento habrá que decidir, además aceptar las dos cosas es también una decisión. Si me pregunto, por ejemplo, si poner la silla aquí o allá, ahí la respuesta no valdría para nada pues una decision se hace necesaria. Pero si me pregunto ¿Vas a hacer algo o te la vas a pasear hueveando? Ahí la respueta no puede ser otra que Las dos cosas. Esa respuesta genera encuentro entre los opuestos, es una respuesta que armoniza, que abre una puerta a la aceptación de una y de la otra cosa. Esa respuesta es una especie de abrazo entre enemigos. Terminé de hacer el orden, giro la cabeza, barro la habitación con la mirada y una agradable sensación de satisfacción inflama mi pecho, me pregunto quién trabaja en este lugar y qué cosas hace. Me hago ese tipo de preguntas aún sabiendo lo inútil que me resultaría andar buscándoles respuestas. El camino de las cosas crea encuentro entre ellas, las dos cosas son todas las cosas y una sola cosa no es ninguna cosa. Me gustan tanto estos momentos de lúcida estupidez. Terminé de hacer el orden en el espacio para hacer orden en mi cabeza. No sé si se seguirá escuchando esa respuesta en la televisión de ahora, pero en un mundo en el que siempre anda uno casi obligado de decidirse por algo, ir por las dos cosas o decir esta frase como respuesta, puede abrir posibilidades inexploradas. Me he hecho tantas veces preguntas con dos opciones, que ahora mismo me digo las dos cosas para responder a todas ellas, las que me hice y me hago hasta ahora. LAS DOS COSAS.