miércoles, noviembre 01, 2017

QUEREMOS TANTO A CHILE...




Escribe: Julio Dalton Guevara



LA SEMANA PASADA me encontré por vez primera con Alejandro González, más conocido como “El Mono”. Medio siglo de pintura, grabado, murales, escenografías. Cincuenta años de arte. Algunos de esos años de trabajo, tal vez los más intensos, se sucedieron durante una época difícil para su país: La Dictadura. El Mono se considera a sí mismo un sobreviviente y no exagera. Un breve repaso a la historia del Chile de Pinochet permitirá tener una idea vaga, lejana, de lo que cuenta este artista que vivió esos años oscuros llenando de colores la ciudad, junto a otras personas comprometidas con la vida en medio de la muerte, con quienes formó las primeras Brigadas Muralistas: “...no sólo lo hacía yo, lo hacía mucha gente, era como una escuela, porque era una forma de marcar presencia, (...) el mural ponía énfasis en el sentido que a pesar de ser reprimidos, de tener hambre, de no tener los materiales, de correr los riesgos y todo eso, al haber un mural dábamos una lección para los otros...” En Chile se revolucionó el arte del mural. Alejados del realismo socialista con el que iniciaron los muralistas mexicanos a inicios del siglo pasado, de esa especie de irreal realismo de obreros gigantes y musculosos, los muralistas chilenos, desobedientes a los mandatos del arte comunista internacional, crearon una nueva estética del mural en América Latina, con preponderancia del color fuerte, vivo; y líneas ondulantes cuya mezcla produce un efecto que podría resumirse en dos palabras: alegría y movimiento. Es significativo para establecer esta diferencia entre lo que conocemos como el clásico arte comunista y los murales en Chile, el hecho que la brigada muralista lleve el nombre de una mujer: Ramona Parra, joven comunista chilena asesinada durante una manifestación a fines de los años cuarenta. Es significativo porque demuestra un alejarse del machismo latinoamericano de izquierda, para acercarse a una inclusión de género que por lo menos queda demostrada en el resultado estético: “...la idea es también dejar el espacio para que el espectador se vuele (...) no decirle las cosas literalmente, que es lo que pasa con el realismo socialista...”  El mono continúa haciendo murales, ahora en diversos países, dejando por el mundo una muestra de esa estética muralista innovadora, nacida en el extremo sur de América Latina, en una época extremadamente difícil para el color que expresa libertad. Quedan sus obras, desperdigadas por el mundo y su país natal, como símbolo de resistencia y esperanza que se irradia desde Chile hacia el resto del mundo. La semana pasada me encontré por vez primera con Alejandro “El Mono” González, y comprendí que no podemos seguir mirando una gota de diferencia, mientras nos ahogamos en el mar de las similitudes. 




Mural del Mono Gonzalez