jueves, noviembre 02, 2017

PUNTO SEGUIDO



Escribe: Tristan De Mar




No es necesario romperse demasiado la cabeza con las cosas que uno ama. Por eso se las ama. Nadie, salvo problemas serios, ama romperse la cabeza. Esta tarde al salir del trabajo preferí caminar en vez de tomar el bus. Me propuse pasar por calles por las que antes no había pasado. Zonas desconocidas. La ciudad me pareció diferente, aunque sepa que sigue siendo la misma. Me sorprende siempre el cambio que se produce en la mirada de las cosas cuando uno cambia de posición. Moverse permite ver las cosas de forma distinta. Y cuando eso pasa, cambia también la apreciación que de las cosas tenemos. No me había percatado, por ejemplo, que un monumento en el centro de un parque que siempre me pareció feo, cuando lo veo desde otra acera, cuando me fijo en él y me muevo a su alrededor, comienza si no a ponerse bonito, por lo menos a ser menos desagradable a la vista. Y así con muchas otras cosas y en sentido contrario. Qué fea resultó ser una tienda cuyas vitrinas siempre me gusta mirar y qué hermoso había sido el árbol del parque y así, en el movimiento se descubren nuevas formas de ver las cosas. Y, si he estado ultimamente rompiéndome la cabeza con las cosas que amo, es porque no me he estado movimiento lo suficiente alrededor de ellas. He tenido más bien la vista fija, el zoom cerrado sobre ellas y eso ha hecho que me encierre. No he visto lo que amo como parte de un todo que podría llamarse vida. Abrir el zoom. Mirar aquello que se ama como parte de un todo, porque al final nada está completamente aislado; las relaciones que pueden haber entre las cosas que nos rodean son infinitas. El asunto es disfrutar, y para eso hay que observar de manera diferente, cosa que se logra en el movimiento. Práctico o simbólico pero movimiento al fin, desplazamiento necesario. Entonces las cosas comienzan a conectarse frente a uno y es posible comprender las relaciones que hay entre todas ellas y cómo estas van y vienen hacia nosotros. Abrir, alejarse, moverse, observar el entorno y observarse a sí mismo en él, porque uno también es parte de ese todo y actúa en él. Las cosas que amo no están aisladas, por el contrario, se buscan constantemente y lo mejor será siempre verlas en su conjunto y no de manera aislada. Uno es lo que hace pero también lo que deja de hacer, lo que dice y lo que calla, lo que muestra y lo que oculta. Esta tarde, caminando a casa luego del trabajo, me di cuenta que hay pájaros en los árboles y que cantan, que hay nubes en el cielo y ruidos en la ciudad, que hay mujeres y hombres en las calles, llevando sus historias en las espaldas y que yo, en medio de todo eso, no soy más que un pequeño punto seguido en toda esta historia.