jueves, enero 25, 2018

ESPACIO SATINADO - TRANSPARENCIAS


Escribe: Tristan De Mar

No sé cuántas veces en la vida uno tiene conciencia de tener, por ejemplo, un dedo meñique en el pie izquierdo. Sí, tal vez cuando nos cortámos las uñas de los pies. Hay ciertas partes de nuestro cuerpo a las que hacemos menos caso que a otras, eso es seguro. Decirse por ejemplo qué lindo es caminar, o levantar los brazos o sonreir, fijarnos en esas cosas que de tanto hacerlas han perdido ya el gusto al haber devenido mecánicas. Lo mismo pasa con otras tantas cosas que hacemos durante el día de la misma forma y muchas veces a la misma hora y en el mismo lugar. Desayunar es una de ellas. Siempre el mismo desayuno a la misma hora y en el mismo lugar e incluso con los mismo utensilios. Qué tal si mañana, por ejemplo, a la hora del desayuno nos detenemos a mirar la taza que siempre usamos, observamos sus formas y diseños, o nos detenemos a admirar la cucharilla que siempre usamos para servirnos el azúcar. Cuántas cosas pasan diariamente por nuestros ojos y manos sin que reparemos un instante en ellas. Y cuantas personas también. Cada vez miramos y admiramos menos las cosas que nos rodean, yo veo ahora mis manos y toco mis dedos, palpo mi rostro, mi cabeza y siento la forma de mi cráneo y lamento tanto el no poder ver mi interior. Cuánto cambiaría la relación con nuestro cuerpo si nuestra piel fuera transparente y pudieramos ver nuestros órganos, y cuanto cambiaría nuestra relación con los demás si pudieramos ver su interior. Toda esa maquinaria maravillosa que hace que estemos vivos, verla funcionando, ver los órganos en movimiento, el corazón latir, el movimiento de los pulmones; creo que si pudieramos ver toda la maravilla que llevamos debajo de la piel, que es la misma maravilla que todos los seres humanos possemos, nuestras relaciones serían radicalmente diferentes a escala mundial. Pero lamentablemente eso es imposible, moriremos sin ver nunca nuestro corazón latir, pero ese músculo como un puño esta ahí, en nosotros y en todos los seres humanos que habitan este planeta, y esa comprobación, así, tan evidente y al parecer inocente, puede ayudarnos a ver en el otro a un igual, alguien que vive y siente tan igual que nosotros; tal vez si llegáramos a reconocernos como parte de una misma especie sabiendo que lo que hay debajo de la piel, es lo mismo en todos a pesar de que no lo veamos, si pudieramos tener conciencia pérmanente de ello, tal vez, algo podría cambiar.   

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