lunes, febrero 05, 2018

PEDRADA EN OJO TUERTO - MATENLO



Escribe: Julio Dalton Guevara


Clamará durante días y noches la masa enfurecida. Y se hablará de los vídeos, de cómo la victima y el victimario pudieron ir juntos en bicicleta a plena luz del día a vista y paciencia  de todo un barrio sin levantar sospecha alguna, de cuáles son los sistemas de seguridad en una comisaría en la que un menor de edad entra y sale solo, sin que un adulto vaya por él y las versiones encontradas, que ese día la víctima no vino a sus cursos de verano en la comisaría pero luego las imágenes muestran que efectivamente sí lo hizo y entonces que si los efectivos policiales no estaban coludidos con el victimario y dónde la responsabilidad sobre un menor que llega a una comisaria para recibir un curso y termina en manos de su victimario y luego la prensa y los reporteros hostigando al padre de la víctima mientras el cortejo fúnebre avanza dirección cementerio y qué poco hemos cambiado como país, y la ministra lavándose las manos, que si por ella fuera habría que matar al victimario pero que los pactos y los acuerdos internacionales pero que la cosa puede y debe debatirse en el congreso y es ahí cuando se lava las manos y lanza de paso el balón a cancha contraria, y la ministra y su indignación Christian Dior por una niña cuya familia gana en un año lo que ella gasta en un mes de salones de belleza, masajes y maquillajes, y el pueblo, esa entelequia citada por unos y otros según el viento venga a su favor, el pueblo clamará sangre, muerte, cadalso, guillotina, como si eso solucionara el problema y cuántos se preguntarán avergonzados, qué tipo de sociedad somos, en qué nos hemos convertido como sociedad al punto de crear este tipo de personas, porque el victimario es también uno de los nuestros, no vino de otro planeta a cometer su crimen, ni llegó de otra sociedad, ni habla otra lengua o canta otro himno o cree en otros héroes o dioses ni ha recibido otro tipo de educación que no sea la que la mayoría de los nacidos en este país hemos recibido. Nuestra sociedad crea monstruos constantemente, como un árbol su fruto. 

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