miércoles, mayo 02, 2018

ACAPITES - SOBRE EL MIEDO



Escribe: Ronald Vega - Pezo 


Acápite sobre el miedo.- De qué sirve saber de donde viene esa fuerza que me lleva a morderme las uñas, hasta hacérmelas sangrar y sacarme pedazos de carne del dedo, cada vez que me enfrento al hecho de tener que escribir algo. En este caso se trata de un artículo. Breve, sencillo, de divulgación, acerca de un par de cartas de la correspondencia entre Westphalen y Arguedas en las que encuentro cosas que llaman mi atención al punto de hacerme pensar en escribir un pequeño texto para el blog y entonces me veo mordiéndome las uñas y con un repentino ataque de frío en el cuerpo. No quiero saber de donde viene pero quiero escribir sobre él, dejarlo salir, ponerlo en evidencia, dejar en claro que lo primero que hago es pensar en que para reproducir ciertos pasajes de estas cartas (aquel en que W habla de Neruda y sobre el idioma español, y Arguedas sobre el quechua) necesito, como dice en el libro, tener el permiso por escrito de los editores. El libro se publicó hace más de cinco años y tuvo una edición de mil ejemplares. Y ahora pienso que lo que intento con todo esto es más bien justificar la necesidad de escribir el artículo, la valía del mismo, el aporte que podría significar, como si quisiera convencerme de la necesidad de hacerlo. Y otra vez la boca en la uña, el frío cesa en el ambiente, suena el disco con el curso de italiano, suena y suena sin que le preste atención mientras me debato en estas cosas de escribir o no. Intuyo que si lo escucho así, distraído, sin prestarle atención mientras mi mente anda ocupada en otros debates, la lengua y su sonoridad, las pronunciaciones y ciertas palabras e incluso pequeñas construcciones gramaticales, quedarán grabadas en alguna parte de mi cerebro. Pero la idea del artículo sigue, los textos a incluir han sido ya seleccionados, en cuarenta minutos serán cuatro las horas que estoy en el taller y lo que me gusta de las cartas son esas frases de Arguedas tan condenatorias sobre el quechua y su futuro, frases chocantes viniendo de alguien como él y nada de esto  vale la pena mientras el artículo no haya sido escrito y publicado.

“Así, el castellano tiene la desventaja de haber servido muy escasamente como medio de poesía. No hay por ejemplo en lengua castellana ningún poeta comparable a Nerval, Baudelaire, Lautréamont, Rimbaud, Jarry, para referirme a la poesía francesa del siglo pasado. Pero no creo que esta dificultad sea tan preponderante como para que Vallejo se haya sentido incómodo por tener que expresarse en castellano. En todo caso el quechua no me parece la salvación.”  
Estas palabras, escritas por el poeta Emilio Adolfo Westphalen en carta a José María Arguedas, fechada en Lima en agosto de 1939, fueron contestadas un mes después por el autor de El Sexto desde la ciudad de Sicuani en el Cuzco, donde trabajaba como profesor, de la siguiente manera:
“Yo no creo, ni mucho menos, en el Kechwa como una solución. Al contrario, estoy absolutamente seguro que el Kechwa desaparecerá, y que debe desaparecer. La castellanización es una necesidad urgente en el Perú. Y ahora más que nunca observo el profundo deseo que tiene el mestizo, y aún el indio, de aprender el castellano.”  
Hace poco más de cinco años que fue publicada por vez primera la correspondencia entre ambos escritores, por el Fondo de Cultura Económica, bajo el título “El Río y el Mar”. Su tiraje fue de mil ejemplares. 
Y ahora, que doy el texto por terminado por una cuestión básica de tiempo (hay que ir al trabajo en breve), me doy cuenta que la palabra artículo queda demasiado grande para esta  transcripción de citas, pero que al mismo tiempo el hecho de incluir estas digresiones sea manifestación simbólica de esta necesidad de estar por encima de cualquier definición por considerarla un límite.
Y, como también quedé impactado con lo que W dice sobre Neruda, vuelvo sobre mis palabras para abrir una vez más el artículo, siempre en la misma carta fechada en Lima en agosto de 1939:

“Otro caso de reblandecimiento: se trata esta vez de Pablo Neruda. En una conferencia que dio en Montevideo últimamente, se expresa con una gran exaltación lírica sobre la derrota de España; en términos místicos nos explica que España no ha muerto, pero nada concreto nos dice sobre las causas de esa derrota, de lo que hay que hacer en esas ocasiones para que esa derrota no se repita (lo único que nos puede interesar del ejemplo). En cambio ns pinta a Chile como el paraíso terrestre: “Os saludo desde Chile, mi adorada patria, el país más hermoso del mundo...allí cantan los hombres de nuestro mar y de nuestra tierra, cantan nuestras escuelas y nuestras minas; cantan nuestros poetas bajo el tricolor sagrado de la patria, canta mi patria porque en ella se asila la paloma invencible de la libertad (?)”. Más adelante: “Por todas partes de américa escuchamos ruido de martillos y cantos, trabajamos, vivimos y luchamos defendidos por el agua oceánica, trabajamos por el trabajo, por la paz.” Muy demagógico, chauvinista y asqueroso; pero donde uno tiene que llamar a Neruda algo más que un cursi sinverguenza, es cuando lee lo siguiente: “Y una sonrisa, la más fina, la más inteligente, la más viril y sin embargo adorable, se abre como una nueva estrella para proteger la libertad del hombre, y esa sonrisa decidida solo nace en nuestra América y se llama Roosevelt, y esta sonrisa y este nombre hacen temblar a las tinieblas.”

Y aquí hago un corte para saber de qué Roosevelt habla Neruda, teniendo en claro que se refiere a un presidente de los Estados Unidos. En el libro el apellido lleva un pie de página en el que se indica que tuvo el mandato más extenso en la presidencia de dicho país, entre 1933 y 1945, año en que muere. ¿Vale la pena detenerse más en este Roosevelt? Baste con saber que se trata del presidente de los Estados Unidos en la época que Neruda escribió tan elogioso texto.
Cierra Emilio Adolfo:

“Tenía yo bastantes dudas sobre la capacidad filosófica y las miras políticas de Neruda. Pero con esas líneas ya está hecho su retrato como un infame imbécil.”

Dejó de sonar el curso de italiano. O me apuro o llego tarde al trabajo.

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