martes, octubre 01, 2019

PERU: CIERRE DEL CONGRESO




Puedo imaginar la alegría que deben estar sintiendo ahora muchos de mis compatriotas. Hombres y mujeres del Perú que en todo este tiempo se organizaron para salier a las calles y hacer llegar su voz de hastío frente a lo que nunca dejó de ser una banda delincuencial disfrazada de partido político: el fujimorismo.

Hoy, que constitucionalmente el congreso ha sido cerrado, y que con este hecho el país se libera de toda esa podredumbre que acomodaba cínicamente sus innobles culos en el hemiciclo, hoy, es un día de salud pública, de higiene política. Pero al mismo tiempo es un momento para la reflexión. Esa gente no llegó ahí de la nada, aquellos y aquellas que fueron en todo este tiempo llamados por muchos “lacras”, fueron elegidos democráticamente. No olvidemos que una vez más nos dejamos engañar. Que nos seguimos dejando engañar desde hace mucho.

El cierre del congreso es un triunfo pero al mismo tiempo un “mea culpa” que es necesario hacernos como sociedad. Nos libramos de aquellos que nosotros mismos pusimos en ese lugar; hace casi veinte años nos libramos de Fujimori (mas no del fujimorismo) y llegó Toledo, hoy en espera de extradición; nos libramos de Toledo y vino García otra vez, cuyo suicidio no logra borrar su imagen de sátrapa, luego Humala, enmarrocado junto a su esposa y encerrado algunos meses, y PPK, hoy en encarcelado. No es, pues, cuestión de decir que gran país somos que encerramos a nuestros presidentes y cerramos el congreso por corrupto, no es esa la estrella, si cabe tener alguna, en nuestro pecho, no es en verdad una estrella sino un cielo gris, nublado, panza de rata como diría Reynoso.

No hay orgullo en encerrar presidentes y cerrar congresos por corrupción, lo que hay, o tendría que haber, es preocupación, porque lo que eso demuestra, más que la valentía y el arrojo de quienes presionaron en las calles (plausibles bajo todo punto de vista), es nuestra incapacidad como sociedad, de elegir representantes probos. Gente que de verdad quiera servir al país (quiero creer que todavía la hay) y que sientan que el tener un cargo público, político, es más bien una enorme repsonsabilidad frente al país y sus electores.

Es necesario, creo, aprovechar este acontecimiento para revisar algunas de las reglas de juego de la democracia, principalmente aquellas que tienen que ver con la elección de congresistas. Acabar con la elección por arrastre, esa forma parasitaria de ganar curules que permite tener congresistas por quienes nadie votó pero que por el solo hecho de tener un número corto en una lista acceden al parlamento. Que se revise ese punto de la ley y que se vote por las personas y no por las listas.

Es, sí, un momento de enorme alegría nacional, pero, al mismo tiempo, la hora de mirarnos al espejo como sociedad, con todo lo que ello significa.

No es solo cuestión de bañar al perro para acabar con las pulgas.


Ronald Vega – Pezo, Aquitania, 1 de octubre 2019.