lunes, mayo 27, 2019

MP1: MALPA





Por la mañana, temprano, suena el teléfono.
Malpa toca esta noche en la ciudad y necesito que vengas conmigo para hacer una entrevista. Paso a buscarte a eso de las diez. Ten todo preparado.
No te preocupes, digo y vuelvo a dormir.
Emerjo del sueño por la tarde con la voz de Julio al teléfono y la sensación de haber hecho el amor con Yola Polastry sobre un dolmen. ¿Malpa?, me pregunto mientras desempolvo la cámara. No me suena. El trípode, ¿Dónde lo habré metido?
Julio llega a las diez, serio como siempre. Trae consigo un par de credenciales, hechas por Josefina, que nos acreditan como periodistas de una prestigiosa revista nacional que de seguro no se interesa en este tipo de música, pero en cuya columna musical toda banda muere (o mata) por aparecer. ¿Malpa?, pregunto a Julio en la parada del bus. Julio me mira. El bus llega. Lo miro. Una mierda, dice. La puerta se abre. Subimos.
En el lugar nada de lo que me esperaba. Demasiado orden para un concierto de rock, pienso. Filas de muchachos y muchachas con más pinta de scouts que de rockers; ninguna cresta, ni latas de cerveza ni gente meando en las calles. Nada de lo que me esperaba.
Toros bípedos custodian la puerta. Miran nuestras credenciales, luego a nosotros y nos dejan pasar. Imposible no recordarte, Josefina.
Una vez dentro, lo primero que hacemos es ir al bar por unas cervezas. En el escenario anuncian a la banda que abre el concierto. Cuatro tipos parecidos a los que custodiaban la puerta suben con sus instrumentos: Buenas noches, somos Los Desnutridos y venimos a reventarlos; una vez instalados, el batería marca tres y comienzan. Tres acordes, batería rápida, grito desaforado. Terminan con pinta de haberse pasado varias horas en el gimnasio. La gente aplaude con desgano en espera del plato fuerte.
En el escenario, el tipo frente al micro tiene el cabello rapado, es flaco y parece haberse puesto la polera de su hermano mayor, el obeso. ¡Un dos tres vaaa!, grita y la banda comienza. La gente se transforma. Comienzan a perserguirse uno tras otro en pequeños grupos haciendo una ronda, el desorden aparece. Me entusiasmo. Voy al bar por más cerveza y Julio me detiene, luego de la entrevista, dice.
Marea de muchachos sudorosos caminan hacia nosotros, que estamos apostados en el fondo. El concierto ha terminado. Caminamos hacia el escenario. Julio va primero, paso decidido del reportero de prestigiosa revista nacional, habla con alguien, a quien muestra su credencial, y me hace una seña para seguirlo.
Es una pequeña habitación a un costado del backstage. Dos sillones como únicos muebles. La puerta se abre, yo lucho contra el trípode y Julio revisa notas en un cuaderno. Micky Malpa se sienta en uno de los sillones, destapa una cerveza y enciende un cigarrillo. No solo parece más flaco sino que tiene la piel amarilla y los ojos a medio cerrar. Parece aburrido, la actitud del que ni modo.
Julio me hace una seña y comenzamos.
¿Por cuánto vendiste a Los Malparidos?
Micky Malpa mira a Julio extrañado, luego hacia la puerta.





* MP1 es una creación original del colectivo VOZ URGENTE para este blog, que se publicará entre el lunes 27 y el viernes 31 de mayo de 2019. Se permite la reproducción del texto citando la fuente. Nos reservamos el derecho de uso de las canciones que acompañan los textos citando la fuente.